lunes, 15 de agosto de 2011

La vorágine

En medio de la
cotidianidad urbana,
la prisa por llegar,
la prisa por partir.
El ansia.
Sin la que podemos estar en paz
cada momento.
La real paranoia,
los perseguidores y acechadores
no están en mi imaginación.
Están en el bolsillo,
en la tarjeta de crédito y el celular.
Están al final de la fila
y al final del mes.
En el buzón y el parabrisas.
Hasta en el pinche feisbuc.
El Coco y el Chupacabras
que salen en la tele
y que no hacen el menor caso,
impiden
hacerles frente.
La vorágine
que no te deja escuchar
a la mujer que llora
en el asiento de al lado en el camión,
al anciano que no puede
cambiar el neumático
ni al niño
que volverá a cenar cemento.
El pan
que cada vez se siente
mejor ganado,
aunque sea por los peores motivos.
El circo
que ponen frente a los ojos
para que impida reconocer
a los dueños del dedo
que estorba para comer.
La culpa
que inculcan desde el púlpito
de sus buenas costumbres
y que hace merecedores
de toda su mierda
a todos.
La vorágine
que rodea y apabulla,
eso sí,
parece ser
muy cómoda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario